Concursar a tiempo es concursar

Ruben CandelaSi les suena el título a la canción de Sergio Dalma en la que recomienda bailar pegados, pueden entonarla pero les recomendaría cambiar la música por el Réquiem de Mozart, más propio de un proceso que desgraciadamente está llevando a la tumba a muchas empresas sencillamente por no hacerlo a tiempo.

Los Jueces de lo mercantil, administradores concursales y cuantos, de un modo u otro vivimos conectados a los concursos de acreedores venimos detectando y diciendo a todos quienes quieren oírnos que las empresas llegan al concurso de acreedores tarde, cuando prácticamente han agotado todos sus recursos financieros y la única vía posible es la liquidación, puesto que el alcanzar un convenio que les proporcione viabilidad resulta prácticamente imposible.

Entendemos que para un empresario el hablar de Concurso de Acreedores puede significar el reconocimiento del fracaso de un proyecto que muchas veces supone el esfuerzo de toda una vida. Sin embargo, insistimos, la única manera de hacer que ese proyecto pueda subsistir es acudir a tiempo al concurso, cuando todavía se tiene músculo para intentar remontar. Prolongar una situación insostenible conduce únicamente a la desaparición, a la pérdida de los puestos de trabajo y, en ocasiones incluso a la pérdida del patrimonio personal de los socios.

Cuando una empresa atraviesa dificultades financieras, pero económicamente es rentable y obtiene resultados positivos, siempre es posible intentar soluciones de otro tipo: aumentar su capitalización, transformar operaciones a corto en otras a largo que permitan mejorar su cash-flow, negociar con clientes y proveedores nuevos plazos de cobro y pago que equilibren su tesorería, pero cuando la raíz del problema es, como viene siendo habitual, una caída brutal de los ingresos y el mantenimiento, prácticamente igual, de los gastos con las consecuentes pérdidas que se van comiendo inexorablemente el patrimonio neto no valen paños calientes. O se ajustan los gastos al nuevo escenario o el final es siempre el mismo: la quiebra, por más que ahora con esta modernización que nos invade la queramos denominar con algún eufemismo. Y para intentar evitarla, la Ley pone a nuestra disposición un mecanismo: el concurso de acreedores.

Y puede servir para ello, pero eso sí, si se empieza el tratamiento cuando el enfermo no está aun desahuciado, porque si se llega tarde ¿sabe a quién se está beneficiando? A esas Administraciones Públicas, a las que tanto tenemos que agradecer, que tienen buena parte de sus créditos privilegiados, puesto que representan ¿? el interés público; a esas entidades financieras que tanto nos han ayudado cuando no llovía, puesto que sus créditos también estarán súper protegidos con hipotecas, avales personales y demás garantías. Y en cambio ¿sabe a quién estará dejando con el trasero al aire? A ese proveedor que confió en usted cuando empezaba, aquél para el que su declaración de concurso, de usted, puede ser el primer aviso del suyo propio,  a sus trabajadores que pueden haberse dejado el lomo por usted  y, pese al privilegio de parte de sus créditos, lleven varios meses sin cobrar. Y a usted mismo, porque si los administradores concursales detectamos que el concurso debió declararse antes, puede que tengamos que decir ¡maldita sea! que su actuación ha sido culpable y debe responder del déficit con todo su patrimonio.

 

                                                           Rubén Candela Ramos

                                                           Administrador concursal

 

 Publicado: Sur / 12 mayo 2013 

 

(Por error del diario Sur, se ha eliminado el último párrafo del artículo. Lo colocamos completo para que no pierdan las conclusiones)