ANÉCDOTAS DE CAMPAÑA

Parece que es inherente a la condición de abuelo la afición a narrar “batallitas” y algunos dan por sentado que lo más saludable cuando el abuelo toma la palabra con esa intención es sentir una repentina sed, recordar una llamada urgente o incluso sufrir un inesperado esguince de tobillo que precisa de un inmediato tratamiento hidroterápico.

Pero no se asusten, las batallitas más desprestigiadas son aquellas de la  mili y esto no va de aquello. Al hablar de la campaña no me refiero a la campaña por excelencia, la militar, sino a la de renta, a la del IRPF que anualmente sufren en sus carnes muchos millones de contribuyentes, unos millares de funcionarios y otros millares de profesionales de lo tributario. Les puedo asegurar que en su transcurso se generan anécdotas de lo más curioso.

Por ejemplo, los profesionales nos vemos obligados a refrenar la euforia del contribuyente, propietario de varios pisos arrendados, que llega convencido de que este año no va a pagar nada porque ha hecho unas reparaciones en los pisos cuyo importe absorbe con creces las rentas antiguas que percibe de sus inquilinos. Solo que no sabe que los rendimientos de capital inmobiliario no pueden ser negativos y el exceso de gasto sobre los ingresos percibidos no lo puede “aprovechar” fiscalmente. Tendrían que verle la cara. O aquel que, convencido de sus dotes para la adivinación, pide un préstamo bancario para financiar operaciones de bolsa y no puede creer que de los rendimientos obtenidos con dichas operaciones no se le permita deducir los intereses pagados al banco. Su razonamiento es de lo más primitivo. Si todos debemos contribuir de acuerdo a nuestra capacidad económica y yo he ganado diez y he pagado cuatro de intereses mi capacidad económica debería ser seis ¿no?  O ¿es que el banco no tributa por esos intereses? Pues mire, usted debe ser víctima de la ESO. No sé cual será su capacidad económica, pero su capacidad tributable es de diez. Y se acabó.

Con la llegada del nuevo gobierno se produjo tal aluvión de críticas al IRPF y tal cantidad de anuncios de cambios drásticos que a algunos se nos puso la carne de gallina tratando de imaginar qué nos vendría de camino, pero “... caló el chapeo, requirió la espada, miró al soslayo, fuese y no hubo nada”.  Y lo auténticamente malo es que, de momento, tampoco ha habido nada de reforma en el Impuesto sobre Sociedades, cuando la entrada de los diez nuevos Estados miembros en la Unión Europea ha rebajado el tipo medio del impuesto al 26,87% mientras el general nuestro sigue estancado en el 35%.

Y luego hay otras anécdotas más divertidas. Para nota. “Se le comunica que no se puede proceder a la devolución del IRPF dado que no constan a esta Administración las retenciones practicadas por el arrendatario del local sito en Avda. Virgen del Carmen, número... de la ciudad de .....”. El arrendatario es la Agencia Estatal de Administración Tributaria.

O aquella otra. Les juro que no miento. Su protagonista es amigo mío, se llama Rafael y es solterón. Mirando de reojo se presenta en el despacho, se  asegura de que nadie nos vigila y espeta: “He recibido los datos fiscales de Hacienda, me ponen que tengo derecho a la deducción por maternidad y que no la he cobrado por anticipado ¿qué hago? ¿la resto?”

No me lo puedo creer, pero lo compruebo y efectivamente: según la Hacienda Pública Rafael ha debido dar a luz una preciosa criatura. Mi amigo Rafael. ¡Me ha tenido engañado toda la vida!

 Rubén Candela