Cómo liquidar un Impuesto de Sucesiones de un No Residente

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La historia comienza hace unos meses cuando se presenta en mi despacho, totalmente compungida, como podéis deducir de lo que ahora os diré, una chica cubana de 20 años, digamos …. bastante exuberante. Un año antes había contraído matrimonio con un español nacionalizado mejicano y residente en aquel país. A los tres meses de la boda, el marido, de 76 años, falleció a causa de determinadas insuficiencias, cardíacas, respiratorias, etc. Viendo a la chica se entiende.

Además de numerosas posesiones situadas en Méjico, cuenta el fallecido con un apartamento en Fuengirola que la viuda desea inscribir a su nombre previo pago de los impuestos correspondientes, gestión que nos encarga profesionalmente.

Tras diversas gestiones intentando liquidar el Impuesto en Fuengirola (ignorante de mí) llego a la conclusión de que no hay otra forma que ingresarlo en Madrid, sin ni siquiera poder traer el impreso preparado puesto que los 650 de que aquí disponemos son todos de la Junta de Andalucía. No obstante, puesto que tenía que desplazarme para otros asuntos, me armo de escritura de herencia, escritura de apoderamiento, etc. y pienso pasar por Guzmán el Bueno para, “en un momento” pagar el Impuesto.

Y hasta aquí los prolegómenos. Se inicia la jornada.

A las ocho de la mañana embarcamos casi puntualmente en un vuelo de Iberia con destino a Madrid en el que cometo la primera temeridad. Acepto imprudentemente el  zumo de naranja de Iberia que tan famoso se ha hecho y que ladinamente me ofrece la azafata en un momento de descuido. Tomo el zumo y este empieza a operar, mientras ocupo el asiento “15 Bravo”, junto a una compañera, ya que la plaza estaba disponible, en lugar de ocupar el que señalaba mi tarjeta de embarque “12 Charlie”. (Segunda temeridad)

Llegamos a Madrid, bajamos del avión y ya en la terminal me doy cuenta que he olvidado el teléfono en el asiento. “Un hombre sin móvil es como un jardín sin flores”, me digo, y me dirijo al mostrador de equipajes extraviados; comunico el olvido, me piden la tarjeta de embarque y llaman al avión:

 

–          “IB 271 de objetos perdidos.  El pasajero del 12 Charlie ha olvidado el teléfono en el asiento”.  “Cambio”

–          “Objetos perdidos de IB 271. Procedemos  a su busca y envío” “Cambio y cierro”

 

Espero la respuesta que llega al cabo de unos minutos:

 –          “Objetos perdidos de IB 271: En el asiento 12 Charlie no hay teléfono alguno” “Corto”

lo que me comunican de inmediato y es entonces cuando recuerdo la segunda temeridad. Lo indico a la señorita y también inmediatamente se produce la siguiente transmisión:

–          “IB 271 de objetos perdidos. El pasajero del 12 Charlie venía sentado en el 15 Bravo. Buscar en este sitio.” “Cambio”

–          “Objetos perdidos de IB 271. Volveremos a buscar y os avisaremos.” “Cambio y cierro”

 

Sigo esperando y para entonces el zumo había concluido su trabajo. Pregunto por la ubicación de un aseo y me indican el segundo disponible puesto que el primero estaba cerrado por obras. “Ahora vuelvo”.

Eliminadas las consecuencias del trabajo del zumo vuelvo al mostrador de objetos perdidos y observo, horrorizado, que la señorita ha desaparecido siendo sustituida por otra de bastante peor ver, con la que mantengo la siguiente conversación:

  YO: ¿Por favor, su compañera?

 ELLA: Se ha marchado. Ha terminado su turno.

 YO: ¿Sabe si ha localizado un teléfono olvidado en el avión de Málaga?

 ELLA: ¿Un teléfono? ¡Anda, entonces no era un error! Ha venido un agente de Prosegur y le he dicho que aquí no se había perdido nada así que lo he mandado a la otra terminal (La que está cerca de Guadalajara. El paréntesis es mío.)

 

Cuando al cabo del rato, se localizó al agente y vino con el teléfono, solo tuve que demostrarle que era mío, tecleando el correspondiente PIN, firmarle un recibo y recuperé el móvil con lo que me sentí mucho más seguro. Había pasado el mal rato del día y lo demás tenía que rodar solo. Olvidaba la ley de Murphy.

Minutos más tarde, un taxi me dejaba en la puerta de la Delegación de Hacienda (Edificio 1) de Guzmán el Bueno. Temperatura en la calle 6-7 grados. (Designo a efectos probatorios los archivos del Centro Meteorológico Zonal). Me pongo el abrigo.

Y a partir de aquí se desarrollan los siguientes acontecimientos:

Me dirijo con paso firme y decidido hacia la entrada de la Delegación en la que esperan con gesto hosco dos o tres guardias de seguridad, rodeando la maquina detectora de metales. Me quito el abrigo, lo coloco junto con el maletín (pesado) en la cinta transportadora, vacío en la mesita llaves de casa, llaves del coche, cortaúñas, tabaco, pipa, etc. paso por el arco y…pita. Dejo sobre la mesita una pequeña navaja con la que más de una vez me habréis visto rascar la pipa y se produce el siguiente dialogo con el bulldog más cercano:

BULLDOG: Con eso no puede entrar aquí.

YO: Oiga, que esto ni pincha ni corta. Además en los aviones la ve siempre la Guardia Civil y ni la mira.

BULLDOG: Yo no soy la Guardia Civil. Con eso no puede entrar.

YO: Bueno, pues no discutamos. ¿Me la puede usted guardar?

BULLDOG: Yo no puedo guardar nada.

YO: Pues ¿dónde puedo dejarla?

BULLDOG: Aquí dentro en ningún sitio y con ella no entra.

YO: Oiga, pues la tiro a la papelera.

BULLDOG: De eso nada, de puertas para adentro no se puede quedar.

YO: (Ya un tanto encendido) Bueno, pues entonces la tiro en la puerta (Me voy a la puerta y la coloco en el suelo cinco centímetros más allá de ella)

BULLDOG: Oiga, pero ¿cómo la va a dejar ahí?

En ese momento, le miré como solo Clint Eastwood y yo sabemos hacerlo y le dije:

 YO: Oiga, su gorra de plato despliega toda su eficacia hasta la puerta, pero de puertas para afuera ¡la calle es mía! (Como dijo algún ministro)

BULLDOG: (Esto no lo oí, pero lo leí en su cara) Este tío ha puesto cara de mala leche, más vale que me calle. Y se calló.

Había superado el segundo obstáculo del día y me sentía feliz. Seguía olvidando a Murphy. Me dirigí alborozado viendo cercano el fin a un directorio donde indicaba “Fiscalidad Internacional. No residentes. Segunda Planta”. Subí con la ligereza que el uso del tabaco permite y siguiendo una serie de sucesivos carteles llegué hasta un último cartel que decía “Fiscalidad Internacional. No Residentes. Se atenderán en la Planta Baja. (Y en negrita) Perdonen las molestias.” Digo yo que si este lo hubieran puesto en la planta baja se habrían ahorrado los demás. Pero en fin, un tropiezo cualquiera da en la vida. Así que como bajar es más fácil que subir, volví a la planta baja.

Entro en una gran sala en la que se dan números como en el súper y a la vista de las colas me dirijo a un ordenanza:

YO: Buenos días, ¿para liquidar un Impuesto de Sucesiones de no residentes?

ORDENANZA: Compre un modelo 650, rellénelo, pague la autoliquidación en caja y entregue la documentación al fin del pasillo a la derecha.

YO (Pensando: Este debe ser inspector, sabe lo que se trae entre manos) Gracias, ¿dónde puedo comprar el impreso?

ORDENANZA: En calle General Rodrigo, 10.

YO: ¿Cómo?

ORDENANZA: Sí señor,  saliendo a la calle, a la derecha, luego la primera a la derecha, luego la primera a la izquierda, el tercer portal.

(Entorno los ojos, respiro profundamente, me pongo el abrigo y salgo a la calle donde por cierto ya no estaba la navaja)

Recorro el itinerario indicado, llego a “Venta de impresos” (Edificio 2), pago 3 Euros y pico y me hago con el ansiado modelo 650 que guardo en el maletín, con el que vuelvo a ir al Edificio 1. Llego a los dominios de BULLDOG, me quito el abrigo, lo coloco junto con el maletín (pesado) en la cinta transportadora, vacío en la mesita llaves de casa, llaves del coche, cortaúñas, tabaco, pipa, etc. paso por el arco y…no pita, lo que me permite lanzarle una mirada triunfal.

Una vez en el interior, voy a rellenar el impreso pero me asalta una duda ¿Qué pasaba con el NIF de un no residente? ¿Era el número de pasaporte añadiendo una letra o algo así? Prefiero asegurarme. Vuelvo al supermercado, cojo número para la cola de no residentes observando con satisfacción que solo tengo dos o tres delante. Me llega al turno, acudo ante el funcionario y digo:

 YO: Por favor, para un NIF de no residentes…

FUNCIONARIO: No siga, para eso al final del pasillo, el Jefe de Información que es quien sabe de eso.

Voy al final del pasillo donde solo encuentro un despacho vacío y de cuyo inquilino nadie sabe dar razón. Espero unos minutos. Trabo amistad con un abogado de Almería que está recorriendo mi mismo itinerario. Se desespera unos minutos antes que yo y abandona.

En vista de la ausencia del “sabedor” decido autoliquidar y poner como NIF el número del pasaporte (craso error). Con el impreso relleno acudo nuevamente al Ordenanza:

YO: Por favor ¿Caja?

ORDENANZA: Salga a la calle, tuerza a mano derecha…..

YO. ¡¡¡¡Cómo!!!!

ORDENANZA: Sí señor.

YO: ¡Oiga, pero…! (Renuncio a seguir)

Me vuelvo a poner el abrigo, vuelvo a salir a la calle, tuerzo a la derecha, llego al sitio donde está Caja (Edificio 3) y donde naturalmente hay un cómplice de BULLDOG, me quito el abrigo, lo coloco junto con el maletín (pesado) en la cinta transportadora, vacío en la mesita llaves de casa, llaves del coche, cortaúñas, tabaco, pipa, etc. paso por el arco y…no pita. El tío me mira extrañado porque él también se lleva una mirada triunfal.

Llego a la ventanilla con mi modelo rellenito, mi cheque bancario a favor del Tesoro Público y encuentro a un cajero bastante amable:

YO: Buenos días. Para pagar esto.

CAJERO: ¿Las etiquetas?

YO: Me lo temía.

CAJERO: Lo siento, pero sin etiquetas no hay trato.

YO: Oiga y no hay forma de que yo me lleve esto a Málaga y pague desde allí, en la forma que ustedes quieran.

CAJERO: Imposible, esto hay que pagarlo aquí. Mire, vaya a la Delegación de Hacienda (Edificio 1) acuda a la segunda planta, Fiscalidad Internacional (Este no sabe lo del último cartel) allí le proveerán de un NIF, con él acuda al supermercado (El al super le llama Dependencia de Gestión) que le den etiquetas, las pega, viene y paga.

YO: (Ya entregado) Gracias, es usted muy amable. (Algo en su expresión me dice que no me cree)

Me pongo el abrigo, salgo a la calle y me dirijo hacia el Edificio 1. Me quito el abrigo, lo coloco junto con el maletín (pesado) en la cinta transportadora, vacío en la mesita llaves de casa, llaves del coche, cortaúñas, tabaco, pipa, etc. paso por el arco y…no pita. BULLDOG me mira y… no puedo asegurarlo pero creo que le quita el seguro al revolver.

Empiezo a tener sensación de “risa floja”, pero me domino, acudo a Fiscalidad Internacional, (para el NIF sí es en segunda planta) obtengo resultados de una forma sorprendentemente rápida, bajo con el NIF al super (todo está empezando a salir), saco número, me llega el turno, facilito el NIF a una funcionaria y me dice:

FUNCIONARIA: ¿Tiene la liquidación?

YO: Aquí la tiene.

FUNCIONARIA: Démela para que le pegue yo las etiquetas. Al no ser usted el interesado se las pongo pero no puedo darle las demás.

YO: Tengo escritura de nombramiento de representante.

FUNCIONARIA: Entonces espere a que venga el Jefe de Sección para que la bastantee.

YO: No, no (miento como un bellaco) ahora que caigo, veo que la he olvidado.

Me pega las etiquetas. Rompe el resto. Me pongo el abrigo, salgo a la calle y me dirijo nuevamente a Caja (Edificio 3), llego, me quito el abrigo, lo coloco junto con el maletín (pesado) en la cinta transportadora, vacío en la mesita llaves de casa, llaves del coche, cortaúñas, tabaco, pipa, etc. paso por el arco y…no pita. (BULLDOG 2 se pregunta a qué vienen las miradas triunfales)

Acudo a Caja por segunda vez y tras esperar pacientemente mi turno, el cajero revisa el impreso (pone gesto de “ya se lo dije”) y mirándome de soslayo dice:

CAJERO: ¿Quién ha pegado las etiquetas?

YO: (Temiéndome lo peor) Yo no he sido. Ha sido la chica del Edificio 1.

CAJERO: (Dice con la mirada: “Por ahí te vas a escapar”) Mire, falta una etiqueta. No quiero hacerle una faena y le voy a admitir el pago, pero vuelva al Edificio 1 y que se la pongan por su propio interés.

YO: (Encima, claro, agradecido) Gracias.

Me pongo el abrigo, salgo a la calle y me dirijo nuevamente al Edificio 1, llego, me quito el abrigo, lo coloco junto con el maletín (pesado) en la cinta transportadora, vacío en la mesita llaves de casa, llaves del coche, cortaúñas, tabaco, pipa, etc. paso por el arco y…no pita. (Definitivamente BULLDOG piensa: “Este tío me está buscando la boca”)

Acudo al super, no tengo que sacar número porque no hay nadie esperando, explico a la chica el olvido de la etiqueta, me cree, reimprime etiquetas, pega la faltante, vuelve a romper el resto (aquello del olvido de la escritura) y me voy a Fiscalidad Internacional. Presentación de documentos (Planta baja. Esta vez no pico) Ultimo escalón. Entrego al funcionario la documentación y surge el ¿último? obstáculo. La escritura mejicana mide treinta y cinco centímetros de alto, (en Méjico son todos muy machos) no cabe en el llamado sobre principal. ¿Y ahora qué hacemos?

Afortunadamente el funcionario tiene la ingeniosa idea de unir el sobre a la escritura con una “gomilla”, con lo que se soluciona el problema. Yo guardo un expectante silencio hasta que veo el sello puesto en la escritura, en cuyo momento siento ganas de llorar pero me contengo. Me pongo el abrigo, voy hacia la puerta y frente a BULLDOG y un cartel de “Prohibido fumar” enciendo la pipa y pienso ¡Si quieren que me echen!

Y luego, tratando de ser positivo dices: Pero bueno ¿tú no cobras por horas?

 

 Rubén Candela

Asesor Fiscal

Delegado autonómico de la Asociación Española de Asesores Fiscales

(Sede en Málaga)

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