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Tres en uno. No me estoy refiriendo a ese producto que utilizado en spray sirve para aflojar tuercas resistentes o vencer cerraduras que no abren. Me estoy refiriendo a tres noticias aparecidas el mismo día, Viernes Santo, en un periódico de provincias.

En la primera de ellas, referida a un pueblo, Vélez Málaga, se indica que la mitad de las sanciones de tráfico de la Policía Local se realizan ya con PDA. En foto adjunta se vé a un agente fotografiando a un supuesto infractor. Y se añade: “La agenda electrónica envía la sanción al instante al Patronato de Recaudación”. Las otras dos internacionalizan el asunto. Una comenta el anuncio hecho por el gobierno inglés de la decisión de dotar a las cámaras de video vigilancia de altavoces que regañen en tiempo real a los ciudadanos que no se comportan como Dios manda y en la tercera se comenta la intención de la canciller alemana, señora Merkel, de solicitar autorización a no sé qué instancia para poder espiar los ordenadores domésticos.

Teóricamente yo no debería estar preocupado. Suelo aparcar correctamente, no dejo el coche en doble fila, no me hurgo la nariz en la calle, ni escupo en la acera; no visito casas de pecado y desde mi ordenador sólo visito páginas autorizadas para todos los públicos. Es decir, que todo lo que se hace se está haciendo no contra mí, sino por mi bien. Sin embargo me preocupo. Muchos, muchos y sobre todo las Administraciones públicas acumulan infinidad de datos que les hacen saber de nosotros más que nosotros mismos. En el ámbito privado me llama la atención, por ejemplo, que cuando compro en el súper de esos grandes almacenes a los que la primavera llega por anticipado, el resguardo de compra desglosa lo que corresponde a “vinos y licores” del “resto de las productos” y me pregunto ¿están evaluando mis hábitos por si algún día les contrato un seguro de vida?  Recientemente me tocó porfiar con una inspectora de Hacienda acerca de si un cliente tenía o no una determinada cuenta bancaria. El cliente negaba categóricamente tenerla y sólo cuando la inspectora nos facilitó copia del contrato de apertura se dio cuenta que era cierto, solo que la había abierto hace muchos años, estaba totalmente inoperativa y ni siquiera la recordaba.

La Hacienda pública nos da puntualmente cada año buenas pruebas de ese conocimiento cuando nos remite el borrador de declaración del IRPF. Allí aparece detallada nuestra vida económica del año anterior con un detalle exhaustivo. De momento sólo en relación a los ingresos, pero todo se andará. Sólo hay que restringir el movimiento de efectivo y a partir del uso de las tarjetas seguir averiguando. Y sin embargo, pese a ese conocimiento se queda esperando a que presentemos nuestra declaración con la porra levantada por si ocultamos algo que es imposible ocultarle puesto que ya lo sabe. Me recuerda a mi madre cuando yo era niño y al regresar de alguna aventura inconfesable la encontraba frunciendo el ceño y levantando un dedo admonitorio mientras decía ¿De dónde vienes? ¡Dime la verdad que lo sé todo!

Y en eso, leemos unas declaraciones del director de Informática Tributaria de la AEAT, diciendo que, por supuesto para dar una mejor prestación a los ciudadanos, pretenden llegar al expediente electrónico en 2008. En las declaraciones se entrecomilla:  “la Administración podrá manifestarse directamente sin necesidad de que intervenga ningún órgano, siendo las aplicaciones informáticas las que respondan favorablemente a las peticiones de los administrados…” Y añade: “para que el ciudadano no quede en peor situación que si se le contestara individualmente se le indicará ante quién puede recurrir”. Y yo por mi parte añado: si la respuesta es favorable ¿por qué pensar en recurrir? ¿Mala transcripción? ¿Lapsus lingüe? Para mí, aterrador.

Deberíamos releer a Bertol Brecht: “…luego vinieron a por mí, pero ya era tarde.” porque hace tiempo vengo pensando que Orwell se equivocó sólo en la fecha.

Rubén Candela Ramos

Presidente de la Asociación Española de Asesores Fiscales (AEDAF)

 

Publicado: Cinco Días / 19 mayo 2007

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