Cuatrocientos euros

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Puesto que se ha publicitado adecuadamente, supongo a todos los lectores debidamente informados de que el Gobierno ha aprobado un Real Decreto Ley en el que se introduce una nueva deducción en el IRPF, una más entre la “maraña de deducciones” que criticaba el equipo económico “paralelo” que funcionaba en Moncloa al inicio de la pasada legislatura y que había que eliminar. Ahora, para dar impulso a la actividad económica, se permite deducir de la cuota líquida del IRPF una cifra, igual para todos, de 400 Euros. Un “igual para todos” con matices, puesto que el requisito es que las retenciones que soporta aquél que va a beneficiarse de la deducción alcance, al menos, ese importe, porque si no, la deducción se verá igualmente disminuida alcanzando como máximo al importe de las retenciones soportadas.

Por concretar, los pensionistas perceptores de pensiones mínimas, puesto que no alcanzan el mínimo que les obliga a soportar retención, no se benefician; los trabajadores que perciben sueldos inferiores a aquellos que obligan a soportar retenciones, no se benefician; los autónomos que, mordidos por la crisis, -perdón, la desaceleración-, no obtengan suficientes resultados, no se benefician, etc. Pero es que hay más. Para determinar el tipo de retención se tienen en cuenta los rendimientos percibidos y las circunstancias familiares, especialmente el número de hijos, puesto que se pretende ajustar el importe de las mismas a la liquidación final del tributo. Pues bien, si se tiene un hijo en el curso del ejercicio y, en consecuencia, hay que ajustar el tipo de retención, es posible que el trabajador no lo note, porque tal disminución de retenciones puede verse absorbida por la menor deducción de los 400 euros. Frente a propuestas de otros modelos, respetables pero que no comparto, siempre he defendido que un requisito insoslayable para la equidad del IRPF es la correcta medición de la capacidad económica del contribuyente. Siempre he mantenido que debemos aspirar a lograr impuestos justos a costa de la simplicidad antes que impuestos simples a costa de la equidad. Cuanto mejor midamos más equitativo será el tributo. Cuanto más simplifiquemos introduciremos más injusticia, porque injusto es tratar de igual forma situaciones desiguales. Me va a producir sonrojo deducirme 400 euros en mi próxima declaración.

Rubén Candela Ramos

Asesor fiscal. Ex presidente de AEDAF

Publicado: DIARIO SUR/ 11 mayo 2008

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