El Emérito

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Voy a empezar poniendo el parche antes de que salga el grano, porque el grano sale… ¡vaya que si sale! Alguno me va a poner de chupa de dómine. Así que más vale prevenir. Reconozco que soy más bien monárquico que republicano. Por razones que serían muy largas de explicar y de las que, por tanto, les voy a dispensar. Sólo un par de ellas. En primer lugar, la experiencia española en la materia no es precisamente alentadora ¿La conocen? Si no es así hay suficiente literatura al respecto.  Y les recomiendo que se hagan con ella antes de que algún Ministerio de la Verdad la reescriba. Y la segunda, hay señores que parece que todo lo sanan con una elección. Alguien ha sido elegido por el sacro santo pueblo y eso abre todas las puertas. Pues miren ¡qué quieren que les diga! La Jefatura del Estado, la más alta representación de éste podría estar en manos del Rey Felipe VI o bien, por ejemplo, en la de don Pablo Iglesias si este consiguiera convencer a la población de que es mucho más “guay” para ello, lo cual, visto el nivel, no cabría descartar. Imagino a la señora Montero como primera dama. ¡O sea, tía!

Pues bien, dicho lo dicho y dada mi proverbial torpeza para entender los mecanismos de funcionamiento de las cloacas del poder, pido ayuda a ver si alguien consigue explicarme algunos detalles de la famosa operación de los 65 millones de Euros que, al parecer, acabaron recalando en cuentas de la… señora esta que parece emular a la famosa Rita, pero con mucho más nivel, claro.

A ver, según los medios, el Gobierno de Arabia Saudí entregó a don Juan Carlos, Rey de España, 65 millones de Euros a cambio de que unas empresas españolas se hicieran con la adjudicación del contrato del AVE de Medina a La Meca. ¿Cómo? En todo caso, parece que quienes podrían haber pagado unas comisiones por hacerse con el contrato pudieran haber sido las empresas, pero el Gobierno de Arabia Saudí ¿Qué pinta aquí? ¿O es que los pagó y se lo descontó del precio? En cualquier caso sería una renuncia de las mismas a percibir esa cantidad considerando el resto como precio suficientemente rentable para el proyecto y aportó importantes ingresos para empresas españolas. El tema desprende un tufillo innegable, pero si es como he aventurado, no es ni más ni menos que una operación comercial en la que un intermediario ha percibido una retribución por su intervención y en un contrato de miles de millones, en absoluto desmesurada.

Y a partir de aquí es cuando se tuerce la cosa. Si el perceptor de los fondos hubiese formulado una declaración fiscal de los mismos “comme il faut”, nada habría que objetar, por muy egregio que fuera el personaje, pero no lo hizo y prefirió confiarlos a la antes citada señora, a mi entender a modo fiduciario, pero olvidando que el refranero español está muy extendido y que ella conocía el refrán aquel de “Santa Rita, Rita. Lo que se da no se quita” (Otra vez Rita)

Y claro, si se ha solicitado el reembolso de los fondos, no ha habido más que agregar al cocido un ingrediente nauseabundo apellidado Villarejo para tener el guiso perfecto y montar la que se ha montado, que no quiero en modo alguno minimizar, pero que, una vez más, ha conseguido que ERES, cocaína, puti clubs, etc. sigan quedando, muy hábilmente, en segundo o tercer plano.

Aunque no quiero ocultar mi íntimo regocijo al intuir que este tema ha dejado sin manta de la que tirar al Muy honorable (es un decir) Jordi Pujol y familia.

Rubén Candela Ramos

Asesor Fiscal |Economista

 

 

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