Fiscalidad. Crónica de una muerte anunciada

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Hablar de falta de liquidez como sinónimo de crisis inminente en una empresa puede ser un análisis simplista porque realmente puede obedecer a muchos factores: insuficiencia de capital propio aportado inicialmente que la haga arrancar con un fondo de maniobra negativo, (muchas empresas vienen ya con esta tara de fábrica) puede subsanarse con ampliaciones de capital; periodo medio de maduración demasiado largo que sea posible optimizar corrigiendo la duración de algún subperiodo, en ocasiones hay problemas de obesidad industrial que hacen que las rotaciones de existencias sean lentísimas; desajuste entre plazos de cobro y pago que también pueden ser corregidas, exceso de financiación ajena a corto plazo pero que sea susceptible de pasar a largo… En fin, como vemos, muchas posibilidades de que una transitoria falta de liquidez no pase de ser anecdótica.

Hay que prestar una gran atención a la gestión de las existencias. Un elevado stock penaliza enormemente. Voy a ponerles un ejemplo. Suelo hacer pedidos mensuales a esa cadena en la cual ya ha empezado la primavera. Bueno, pues raro es el mes en el que no me avisan de que algún producto está agotado. Y no me refiero a Johnnie Walker Double Black, que sería más o menos normal. Me refiero a ¡Fanta zero! Imaginen el nivel de existencias de que disponen.

Ahora bien, cuando la falta de liquidez sea porque no se cobra y no se cobra porque no se vende, entonces más bien pintan bastos. Porque si no se vende y los gastos de la empresa tienen naturaleza de fijos, es decir, insensibles al volumen de ingresos, entonces podemos empezar a tener un problema de solvencia. Todos los empresarios, mayores o menores, tenemos en nuestras empresas atendiendo a su fijeza o variabilidad tres tipos de gastos: fijos, variables y semifijos. Los fijos como su propio nombre indica son indiferentes al hecho de que haya o no actividad: seguros, alquileres, amortizaciones, en cierta medida el personal, etc. Los variables son los menos preocupantes porque si no hay actividad no se producen. Si fabricamos pan y dejamos de venderlo no compramos harina, si no producimos no consumimos energía eléctrica, al menos en gran parte… Pero existen otros, muy taimados ellos, que son los semifijos o semivariables, también llamados variables a saltos, que son los que provocan un fenómeno llamado histéresis de los costes. (Histeria de los costes me contestó un alumno en un examen) La histéresis de los costes es un fenómeno en virtud del cuál cuando la producción sube suben ellos, pero si la producción decrece no disminuyen en la misma medida. Imaginen que en mi empresa necesito un capataz por cada cinco operarios. El volumen me obliga a contratar seis operarios y, en consecuencia, un segundo capataz, pero si luego por las circunstancias de la producción tengo que prescindir del sexto hombre me quedo con el capataz o deberé prescindir también de él con el consiguiente coste.

Pues bien, si es esta la situación, ya saben: o un buen colchón de fondos propios que nos permita capear el temporal o busquen soluciones imaginativas porque vienen mal dadas. Y me temo que todo parece indicar que vienen mal dadas. Dicen que quien no conoce la historia está condenado a repetirla. En la anterior crisis centenares de empresas fueron a concurso de acreedores cuando estaban ya al borde de la muerte, con todo su patrimonio comprometido, tanto el empresarial como el personal de los socios. Más del 90% se hundieron. Sean fríos. No lo repitan. Analicen la situación con sosiego y piensen en lo que decía aquél: “Lo que no puede ser no puede ser y además es imposible”.

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