Prohibido Hablar de la cosa

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Hace poco leí en un bar de Sevilla un cartel con el título de esta colaboración y que, evidentemente, es una invitación a preguntar por la cosa. Y cuando preguntas, la respuesta es del más puro estilo sevillano: “yo no sé lo que es, pero debe ser algo mu malo, to el que entra dice lo mismo: ¡vaya tela con la cosa! ¡ozú como está la cosa!”

Y la cosa tiene múltiples ramificaciones, no sólo el paro, la falta de crédito, la pérdida de confianza, etc. Es también, por ejemplo, el estado de la Administración de Justicia en general, de los Juzgados de lo Mercantil en particular y ya totalmente en concreto, del Juzgado Mercantil 1 de Málaga.

Si, como decimos, la Administración de Justicia en general tiene unas carencias increíbles, la situación a la que ha llegado este Juzgado por la desidia de la Administración es tal que el titular del Juzgado ha llegado a hablar en un Auto de que trabajar allí puede inducir al suicidio. Y les aseguro que conociendo el Juzgado por dentro no es para menos. Mientras el CGPJ establece que el número de concursos que puede soportar un Juzgado al año es de 20, en este entraron en 2008, 194 concursos, un 970% de la carga teórica y en 2009, 141, más de un 700%. Los incidentes concursales promovidos fueron en 2009 equivalentes a un 1.130% de la carga teórica y así podríamos seguir citando cifras apabullantes, pero para no aburrirles, si nos referimos sólo a los concursos de acreedores este Juzgado soportó en 2008, el trabajo de 9,7 Juzgados y en 2009, el de 7.

Su anterior titular, cansado de ser la voz que clama en el desierto, puso pies en polvorosa y pidió la excedencia y como Administrador Concursal con procedimientos abiertos en él, cruzo los dedos para que el actual no haga lo mismo el día menos pensado, porque no nos faltaba más que volver a quedarnos sin Juez.

Es indignante que en una situación que se veía venir, de la que se ha estado avisando desde hace mucho tiempo, la Administración se haya encogido de hombros, limitándose a crear un segundo Juzgado, que al ritmo que vamos, pronto alcanzará a su compañero. Desde el legislativo promueven una reforma de la Ley Concursal con cambios de preceptos que evidencian la falta de conocimiento práctico de lo que es un concurso de acreedores por dentro, con la elección de un criterio absurdo, -el volumen del pasivo-, para diferenciar los procedimientos ordinarios de los abreviados, ignorando parámetros que sí marcan la complejidad de un procedimiento, tales como personal o número de acreedores, con lo que provocan que un concurso en el que puedan haber cien créditos por calificar se califique como abreviado con el recorte de plazos que supone y con un Administrador Concursal único desbordado para cumplir con sus obligaciones en tiempo, sin embargo, se mantiene algo absurdo como es que los acreedores deban insinuar sus créditos al Juzgado en lugar de hacerlo directamente a la Administración Concursal.

Con este panorama, ni el Juzgado puede hacer su trabajo, ni los Administradores Concursales el nuestro y mi recomendación a las empresas a las que quede un soplo de vida y acudan al concurso es: deberían firmar la solicitud en lugar de con su nombre con un “morituri te salutant”. A los acreedores la frase de Dante: lasciate ogni speranza.

Y no me digan que no lo pueden abordar por lo de la cosa. No se trata de gastar más, sino mejor. Vean algunas dotaciones del Ministerio de Presidencia. Fomento de políticas transversales en materia deportiva: 3.000.000 de euros ¿? Promoción de la práctica deportiva en países en vías de desarrollo: 2.000.000 de euros ¿? O bien, en la Administración Local. Un Ayuntamiento de 1.600 habitantes pretendía incluir en su presupuesto una inversión de 800.000 euros en un tanatorio, simplemente porque le subvencionan un 70% de la inversión. Número medio anual de difuntos en el pueblo durante los últimos 5 años: 9. Sin comentarios. Ni para el Ayuntamiento ni para el concedente de la subvención. Que dicho sea de paso es el mismo que tendría que sufragar el coste de más Juzgados en Andalucía.

Rubén Candela Ramos.

Auditor y Administrador Concursal

 

Publicado: 31-03-2010| Diario Sur

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